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lunes, 20 de septiembre de 2021

Modos de Escucha II



“Modos de escucha” es el título de la exposición de los artistas Román Hernández[1] y Paco Rossique[2] con la que el Espacio Cultural Desván Blanco comienza la temporada 2021-2022.

Inauguración: sábado 18 de septiembre de 2021 a las 19.00 horas.


El texto crítico del catálogo que acompaña la muestra ha sido realizado por la escritora y poeta cubana Sonia Díaz Corrales[3]. Bajo el título Selah o la esperanza de quien sabe que ha escuchado. Pausa para comentar la exposición “Modos de Escucha, reflexiona y se acerca a las obras de los creadores canarios advirtiendo como señaló el Greco en uno de sus textos que “la pintura trata de lo imposible”, para sentenciar “pero yo digo que todo el arte auténtico trata de lo imposible. El arte de crear objetos, recrearlos y renombrarlos para que una vez expuestos, se pueda apreciar su valor e infinitas posibilidades de exégesis, es otro imposible que solo el artista en su condición puede alcanzar. Pero inclusive con el oficio y la providencia de una sólida formación, con la correcta canalización delas obsesiones creativas y un imaginario original e ingenioso, a veces no es suficiente para que la obra de arte logre esa clase de empatía que encanta al que se acerca a ella, además, se requiere hallaruna revelación que hacerle, a los sentidos del receptor, que lo involucre y lo convierta en un aliado, en una especie de cómplice”. Escribir sobre “Modos de Escucha”, señala “es un ejercicio parecido a hacer un camino sin desviarse cuando a cada paso aparece una interesante bifurcación —resulta difícil elegir qué elementos reseñar—, porque se lidia con la dificultad de encontrarse con las numerosas lecturas que sugiere: atendiendo al argumento individual de cada obra o de la totalidad de lo expuesto, y a la relación de unas piezas con otras, y sobre todo porque se trata de un conjunto que legitima y confirma la existencia de lo imposible, más en esta ocasión, en que los extremos que representan ambos creadores en su singularidad —a mi juicio sonido y silencio—, resultan tan obvios. No quiero que lo que diga de estas obras de arte sea una mera o neutra mención/descripción de su contenido y mérito estético, eso podría hacerlo mejor un crítico, algún curador o comisario que centre su esfuerzo en aliviar al espectador de la responsabilidad de entender el arte como un placer auténtico, individual, nada profesional, pero no es ese el cometido de este texto, sino otro: la rendición al hecho poético del que se valen estos artistas para dejar su mensaje modelado, pintado, gritado, aullado, susurrado, esa rendición y no menos, es lo que me perece justo esperar de quien intente apreciar esta sucesión de narraciones que componen la muestra.[…] La grandilocuencia expresiva de Paco Rossique se vuelve un idóneo interlocutor, contraparte, del apagado murmullo, inclusive el silencio, que concurre en las obras de Román Hernández, y a través de esas dos formas representativas crean la sensación de totalidad, de compendio, que agradece quien se enfrenta a la reunión de ambos en el Desván Blanco.[…] En lo expuesto por Román todo es regular, los contornos aparecen bien delimitados, la proporción se manifiesta hasta en el silencio que ronda sus orejas y el reducido ámbito cromático, en cambio en Rossique, lo irregular se torna arrítmico y mordaz, subversivo, se diría que desfigura exprofeso las formas en busca de provocar la excitación necesaria para que el amarillo, el rojo, el negro cumplan su función: resonar, dispersando una música discontinua por todas las piezas. Lo que en Paco es galope, energía desbordante, en Román es paso elegante, casi extenuado, desmayado, lo que en el uno es estridencia, en el otro es templanza, lo que en uno aglutina, en el otro vacía, y todo ello se une e irradia hacia puntos de alta poesía. La exposición en conjunto crea el deslumbramiento de la escucha y la expectativa de conseguir en ella la audición de lo imposible, que resulta perturbador para quien la recibe, atendiendo a la atracción de los personajes, los objetos y su fuerza expresiva, los fragmentos de historias que hablan de lo recurrente, y de la efímera grandeza, que en los actos humanos parece ser únicamente tránsito; de lo atonal a lo melódico, de lo rapsoda a lo puro, y viceversa. Si exhorto a hacer esta pausa, que en principio he llamado selah —he querido usar una palabra que permitiera dar un sentido abarcador y no manido, nada rígido, al reclamo de “parar y escuchar” con atención—, es porque sé que la oportunidad de disfrutar de estos dos extremos en un mismo contexto, donde logran armonizar, es un evento extraordinario […]”.

[1] Román Hernández (Los Realejos, Tenerife, 1963). Es Doctor en Bellas Artes, escultor, Profesor Titular del Departamento de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna. Su creación incluye dibujos, esculturas y pinturas, obras gráficas, colaboraciones con destacados poetas y escritores y comisariados de exposiciones. Desde 2018 gestiona Desván Blanco. Espacio cultural, donde se desempeña como promotor cultural.

[2] Paco Rossique (Tetuán, Marruecos, 1955). Reside en Las Palmas de Gran Canaria. Su obra abarca pinturas, murales, arte sonoro, video, fotografía, escultura, obra gráfica, artículos para revistas y libros de artista. Trabaja con varias galerías en Gran Canaria, Tenerife, Madrid y Palencia. Se ha desempeñado también como ilustrador de prensa diaria y comisario de exposiciones, actualmente dirige el ciclo CAAM Sonora, en el CAAM de Las Palmas de Gran Canaria.

[3] Sonia Díaz Corrales (Cabaiguán, Cuba, 1964). Actualmente vive en Santa Cruz de Tenerife. Es poeta, narradora y a veces escuchadora amateur, entusiasta y devota.