lunes, 9 de julio de 2012

De Riberas y Palimpsestos, texto de Federico Castro

Portada de la página de la Galería Krabbe durante las fechas de la exposición.

De riberas y palimpsestos [Paisajes y figuras]

La trayectoria de la galería Krabbe cada vez es más nítida en el mapa del arte actual en Andalucía, como en los mapas de rutas de las líneas aéreas, la escala de los artistas de diferentes procedencias  reafirma su papel como cruce de caminos y punto de encuentro. En esta ocasión un artista nacido en Tetuán residente en Gran Canaria y un tinerfeño en Madrid confrontan sus visiones sobre la cotidianeidad. Andrés Delgado lo hace desde el lenguaje del paisaje -una crónica urbana del vacío en la ciudad bulliciosa-. Paco Rossique reflexiona sobre la transformación de la existencia -una lectura en clave irónica sobre la dualidad del individuo contemporáneo-.
Dos visiones diferentes, construidas desde la madurez vital y el desconcierto ante los acontecimientos que nos asaltan cada día en un momento en el que la incertidumbre se nos revela como una fuerza poderosa capaz de estremecer los cimientos de nuestra realidad; una lucha entre estados y procesos que altera nuestras discursos y visiones.
Paco Rossique compagina la creación en el ámbito del arte sonoro y la pintura; Andrés Delgado centra su actividad plástica en el paisaje. Con motivo de esta exposición, ambos dan una vuelta de tuerca a sus lenguajes expresivos para ofrecer una mirada personal de esta nueva decadencia de Occidente que se precipita cada día sobre el fluir de los acontecimientos particulares obligándonos a reescribir nuestro lugar en el mundo; o, simplemente, a cuestionar nuestra posición en la vida, existencia o laberinto exterior cada vez más ajeno y distante de nuestro sentido personal.  Rossique denomina por ello a sus series Palimpsestos (Afuerintos, Humanarios, Escritos al oído y Divertimentos). Sus seres mutantes, marionetas y autómatas circenses, transitan espacios abstractos: la figura se impone a la mancha y ésta reemplaza al fondo; la presencia alegórica reduce los símbolos a meros objetos.
Por el contrario, en los paisajes inanimados de Andrés Delgado la figura no se ve, aunque existe, está muy presente. Estos cuadros se han colado a través de la mirada, a veces perdida, del viajero que comparte cada mañana la promiscua ignorancia del otro cuando transita puentes y riberas. Son paisajes que no proceden del inconsciente, sino del abandono, de la percepción distraída en la ruta que cada día conduce al trabajo. El artista está presente en cada instante, situado detrás del cristal del autobús, anotando bocetos de paisajes insulares entre  cifras, ajeno a ese otro paisaje que se decanta y cala, en el que la vegetación y los edificios reflejados sobre las aguas del río emergen a través de un cristal incapaz de reflejar  la silueta del pintor.
Distantes en el espacio, unidos por preocupaciones vitales análogas,  a través de la fachada de cristal de la galería,  apreciamos el diálogo entre las figuras ajenas al paisaje de Rossique y los paisajes sin figuras de Delgado: dos miradas en las que inevitablemente cada espectador verá reflejado su [nuestro] actual enigma.

Federico Castro